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Esta sección es cortesía de Arkofnight.

Entre hadas e inocencia

Aun puedo recordar aquel día cuando mis pasos salieron de los bosques encantados de la corte de las Hadas Contentas, cuando los pasos de un inocente muchacho le llevarían a un punto de su vida que le haría cambiar por siempre y todo el porvenir que tenía por delante, donde encontraría mi destino, mi obsesión y mi propósito para vivir…

¿Pero que ganaremos de saber en lo que me convertí, si la historia de cómo nació el paladín sin nombre antes de ser lo que es, no es conocida?

Aunque he de decir que les he ofrecido respuestas que aun no tengo con certeza, pero como siempre he dicho, a su tiempo todas las preguntas serán respondidas. El primer recuerdo que tengo de hace mucho tiempo, fue el ver partir a mi padre, con su entrecejo fruncido, y su mirada determinante diciendo con amargura y determinación, que era hora de partir a por la espada esmeralda… Para salvar a Onira de un destino por venir, un destino que él había soñado tiempo atrás, recuerdo como se sentaba horas y horas en las bibliotecas de Elgard, junto con Kronbi y otros paladines, para intentar descifrar y averiguar mas sobre una solución para evitar el cielo oscuro con el que mi padre había tenido pesadillas. Recuerdo sus ojos brillar e iluminarse cuando pareció descubrir la solución, y sin mucho mas retraso, partió en busca de las llaves de la sabiduría, por sobre el lomo de un majestuoso dragón de plata… Con esa imagen majestuosa en mi cabeza, el partió… Partió por siempre…. Para nunca volver…

Mis días de allí en adelante, fueron entre paladines y elfos que partían y se movían brillando con la luz de la sonrisa del astro dorado que nos ilumina a todos con esperanza y valor, levantando sus espadas y escudos para hacer relucir aquella media mascara que asemejaba una sonrisa, y entonces con eso todos los niños y adultos que les observaban embelesados, sabían muy bien que iban hacia los destinos que sus dioses y las hadas mayores les encomendaban, para purificar y limpiar las tierras de aquellos males que amenazaban arrasar con la paz de aquel hermoso y perfecto mundo que había aprendido a amar…

Si, mis días en las cortes de las Hadas contentas, fueron tranquilos, felices y llenos de esperanza, valor, y también entrenamiento mental, físico y espiritual. Pero lo sabía, era diferente a los demás, no tenía esa delicada gracia, ni esos movimientos sagaces y agiles, ni aquellos sentidos agudizados…. Recuerdo claramente moverme y entrenar en soledad, con mis ojos puestos en el horizonte, mientras los grupos de niños elfos que serian futuros paladines, me miraban casi con burla, y desprecio… Algunos indignados al notar que un humano se atrevía a intentar imitar sus gráciles movimientos… Pero eso no me importaba, quería ser como mi padre, como los paladines que partían llenando de paz y esperanza a las personas, con sus unicornios blancos y llenos de luz, con sus armaduras relucientes y sus corazones y auras llenas de bondad, justicia y verdad…

Mientras blandía mi espada con la gracia del viento, podía notar que no recordaba absolutamente nada desde el día en que mi padre partió, que no sabía quién era mi madre, y que no tenía la menor idea de porque era el único en aquel lugar que no parecía extrañado, acerca de mi enorme afición por los dragones… Entonces allí fue cuando realmente conocí a mi maestro, uno de los mejores paladines que ha pisado Onira, un guerrero y un diplomático, Kronbi, aquel que por años había sido un compañero y amigo de mi padre, además de un consejero… Aquel que me abrazo como un hijo, a aquel único humano huérfano que corría solitario por los bosques, hacia su casa vacía, que se abastecía por meses de los arboles de frutas y verduras onirienses… Aquel elfo de alta estatura y delgados rasgos, me entrenaba como un igual, me mostraba sobre cartografía, diplomacia, las fuerzas del espíritu, el valor, la verdad y sobre todo el honor…

Crecía más rápido que los demás, los niños que parecían aun pequeños de 12 años, continuaban igual a los días en los que blandí una pequeña espada de madera por primera vez, mientras yo había crecido, recuerdo que todos allí tenían sus cabellos casi blancos, y sus ojos profundos de color turquesa, celeste o esmeralda, mientras mis ojos eran azules, profundos como el hielo, y mis cabellos largos y negros, además de que mi contextura era mucho más musculada que la de los elfos… Sabía que era diferente, que los elfos eran los únicos que podían convertirse en paladines de la Corte de las Hadas Contentas, pero cuando me desanimé por un momento, mi maestro me confesó que yo tenía un destino que cumplir, cuando la oscuridad cayera… Que yo debía estar listo para partir, cuando lunas y soles hayan pasado, y mi corazón estuviese preparado para enfrentar la realidad de allá afuera, mi destino estaría escrito…

No sabía cuánta razón tenía Kronbi acerca de la oscuridad venidera, pero eso estaba por verse, yo continuaba mi entrenamiento en los bosques, mi maestro me visitaba a mi solitario hogar, cada día y cada noche para compartir alimentos, conocimientos, entrenamientos y estudios conmigo… Sin embargo un día de tantos el maestro me invitó a su casa, y allí conocí a la esposa de Kronbi, una hermosa dama de lo mas exuberante que mis inocentes ojos habían visto, una Ninfa, de ojos grandes con iris multicolores, parecían reflejar el arcoíris, su voz era como el canto de todas las aves, y su cabello trenzado y sumamente largo, brillaba en todos los metales preciosos que yo pudiese imaginar, Kronbi nos presentaba en ese momento cuando dijo claramente ante mi estupefacción que faltaba alguien más que quería que conociera, y entonces le vi, era una pequeña muchacha de cabellos dorados y largos, su rostro me recordaba al de su madre, y usaba ligeros ropajes blancos, mientras se encontraba escondida detrás del borde de la puerta que llevaba a la habitación siguiente mis ojos voltearon hacia ella, mientras mis pupilas le miraron en detalle, había que aceptarlo, si los paladines me daban esperanza, esta pequeña mujer me llenaba de una extraña paz que en mis memorias perdidas siento haber perdido en el pasado, me recordaba a aquellos hechos que estaban escondidos en mi memoria, y aunque no pasaron demasiados segundos antes de que Idhriel llegase a ruborizarse y esconderse por completo para irse a su habitación, mis ojos habían conocido una gran dicha que se reflejaba en una sonrisa amplia, una que ya no era vacía ni llena de duda… Y uno de mis primeros propósitos surgió, el poder protegerle… A ella y a todos los que tienen un corazón que produzca este sentimiento en mi, ella no lo supo en ese momento… Ni jamás lo sabrá, hasta que lea al fin de mis días, sobre estos escritos… Los años pasaban, podía sentir que en mis entrenamientos que antes eran solitarios, había una nueva esperanza, y la chispa de una inocente curiosidad detrás de los arbustos, por varios días, Idhriel me observaba entrenar, no sabía claramente si lo hacía porque jamás había visto a un humano, o por alguna otra razón, pero sabia claramente, que me gustaba sentir dicha compañía…

Para ese entonces ya había alcanzado la edad de 14 ciclos, y poco a poco aquella compañía era mucho más cercana, esa pequeña hija de un elfo y una Ninfa, se había convertido en mi única amiga de mi edad y en mi compañera de juegos, en las buenas y en las malas… Recuerdo como nos perdíamos en los bosques de los Unicornios, y solíamos correr al lado de los mismos hasta el atardecer llegando hasta una hermosa colina desde donde se veían los celajes con perfección, hasta que las primeras estrellas del bosque surgían en el cielo, para darme cuenta que, lo siguiente que había sucedido era que la niña se había dormido sobre mi hombro… Y vaya que tiene sueño pesado… Puesto que de regreso solía llevarla sobre mis espalda hasta su hogar…

Así fueron los días de mi infancia, de entrenamiento, de formación, de inocencia… Antes de que el brillo cegador de la espada esmeralda visitara mis sueños, antes de que finalmente el amanecer oscureciera y las fuerzas terribles de quien consideraría mi peor enemigo despertaran… Y mis ojos tomaran una nueva mirada, cambiando esa mirada inocente por una determinante… Lo más preocupante era, que esa mirada era como la de mi padre… Antes de no volver jamás…

El Astro Rey Consumido

" Y entonces finalmente el día había llegado, el entrenamiento finalmente había acabado, oh, como había extrañado ver a esa pequeña niña con la que tanto tiempo jugué por los campos aledaños a Elgard y el bosque de los unicornios, danzando con las hadas y entre los arboles vivientes moviéndome junto con ella, mi única amiga en ese momento, unos días humana, otros días elfa y otros Ninfa, era un hecho bastante curioso sin dudar…

Pero allí me encontraba, de pie junto con los otros elfos, al frente de la corte de los Contentos, observando la variedad de hadas mayores que se encontraban expectantes ante la graduación de aquella nueva generación de paladines, los siempre orgullosos elfos y yo un simple humano. Abrí los ojos y pude observar a Kronbi, mi maestro, aquel que me enseñó los códigos de las Hadas contentas y me educó en muchas más cosas de las que imaginé, allí me observaba aquel elfo, alto, igualmente orgulloso pero a la vez se le notaba en sus ojos la alegría de ver donde me encontraba, los mitad ciervos se acomodaban cerca del escenario conformado con una gran rama de uno de los tantos arboles vivientes, podía ver a aquellos con cabeza de elefante, rostro de chivo, y alas de dragón acercarse, y cerraba mis ojos, y pensaba en mi padre y mi madre de los cuales recordaba poco, pero sentía que calaban muy profundamente en mi corazón, hasta llegado el momento en el que unos hados con cabeza de avestruz parecían muy apurados para llevar una escalera al frente de cada uno de los nuevos paladines, para que un niño de edad aparente de 12 años escalara por esta, y pusiera alrededor del cuello de cada uno de nosotros, los medallones de las hadas contentas… Hasta después de mucho, no sabría que ese niño que sonrió tan amablemente para mí, era nada más y nada menos que el afamado rey de las Hadas Contentas, Dhor…

Finalmente la ceremonia había acabado, y Kronbi se acercó a mí mirándome con impavidez, posando tranquilamente su mano por sobre el hombro propio, que ahora cubierto por una reluciente armadura plateada se encontraba, diciendo para mi " Han sido duros años de entrenamiento sin dudar, pero las pruebas más duras, tanto físicas y mentales habéis pasado sin chistar, desde que vi el brillo en vuestros ojos recordé a vuestro padre, aquel valiente paladín que partió a la guerra una vez hace mucho tiempo… Él estaría tan orgulloso sin dudar, sois ahora todo un hombre, pero dejando mi lado mis nostalgias he de decir que hay alguien aquí que desea verte.." En ese momento mis ojos se iluminaron, era obvio que no había podido verle pues se encontraba encapuchada con una túnica de color verde, y ni siquiera tuve tiempo de contestarle a Kronbi cuando sentí un golpe contra mi armadura y sus frágiles brazos rodearon mi cuello, por debajo de mis negros y largos cabellos, habían sido años desde el momento en que dejé esa vida de niñez y me embarqué en el camino del paladín, sus orbes de color del lago del bosque cuando era iluminado por los rayos del sol, me hicieron sonreír, al notar que estaban humedecidos y cristalinos por lagrimas de emoción, y su voz suave y melódica sin duda había penetrado mis oídos y mente para llegar a mi corazón mientras susurraba felicitaciones y su sentimiento de verme convertido en todo un caballero, y mis palabras mudas fueron, aunque mi expresión de alegría lo dijo todo.. Esa noche Kronbi, la madre de Idhriel y ella me invitaron a cenar un exquisito estofado de búfalo oniriense, y definitivamente no hay nada mejor que sus alas..

No pasó mucho más de un mes antes de que llegara la primera misión oficial para mí de manos de mi propio maestro y jefe de paladines, debía llevar un informe especial a Algalord y yo sería nada más y nada menos que el mensajero oficial de la Corte de las Hadas Contentas, el viaje hacia aquellos lares sobre mi blanco y arrogante unicornio, no fue demasiado problemático, hasta que llegué justamente hasta la oficina del alguacil de dicha prestigiosa ciudad, que parecía divertida, pues se observaban juglares, y artistas callejeros hacer todo tipo de presentaciones, los comerciantes se dedicaban a vender sus diferentes productos, y todos me observaban con respeto y honor, hasta el momento en que llegué a la comisaría, donde pude encontrar al alguacil un tanto intimidado por un enorme hombre bastante fornido y musculoso que parecía rugir en vez de hablar y ponía bastante nerviosos a las personas del lugar, mientras con una mirada traviesa de color turquesa, se encontraba una mujer bastante hermosa, de vestimentas negras, y de orejas un tanto puntiagudas, sin lugar a dudas se trataba de una semi elfa, para decir verdad era la primera vez que veía una como ella, así que decidí acercarme a los tres… Escuchaba la discución intensa del bárbaro que parecía querer hacer pagar a aquella pícara por algún problema personal que aún no tenía bastante claro, y ella solo reía para luego darle un gran mordisco a una manzana roja y jugosa que sostenía entre su mano, al preguntar al alguacil que sucedía me explicó que el bárbaro era el guarda espaldas de un anciano comerciante que vagaba por la ciudad, y que él aseguraba que esa semi elfa había robado algo que le pertenecía a dicho comerciante, entonces decidí pactar con el alguacil y le prometí que cuidaría de ella y le enseñaría algo de honor y modales, convenciendo al alguacil con esto, aunque supuse que deseaba deshacerse del bárbaro y la mujer…

Y hablando del bárbaro el mismo me advirtió que debíamos movernos hacia el comerciante, o tendrían problemas con él puesto que aquella charla habría convencido al alguacil pero no a dicho hombre enorme, sin embargo después de unos instantes las prioridades cambiaron abruptamente….

Las personas corrían despavoridas, y gritaban como si algo terrible estuviese sucediendo, y entonces tuve un terrible presentimiento, mi corazón palpitaba una y otra, y pude como si una humareda de nubes oscuras consumieran lentamente el día mismo, mis dientes se apretaban mientras mi entrecejo se fruncía, corríamos entre la marea de personas y en dirección opuesta de ellos, acompañados por aquel bárbaro y la misteriosa mujer la cual por unos momentos perdí de vista… Llegando al borde de la ciudad, el horror fue evidente… El sol había sido consumido, en mi primer día como un verdadero paladín… Las nubes danzaban en espiral, negras como las almas de los demonios que solo había escuchado en leyendas… El Astro Rey que daba luz a todo lo que yo creía había sido devorado y en son de victoria danzaban y reían unas terribles creaturas que ponían mi piel de gallina, podía ver la ira del bárbaro a mi lado…. El rostro de desesperanza de la media elfa que llegaba también a mi lado…. En medio de aquella desesperación habían nacido los primeros pasos de tres guerreros que defenderían Onira a toda costa, porque yo debía llevar la esperanza y la luz donde quiera que fuera…. Y esta blasfemia sin duda no podía ser permitida, así que con determinación observé en dirección de la mujer, quien más tarde se presentaría como Rouse, asintiéndole con suavidad, notando como ella me miraba de vuelta sin palabras aunque aceptando mi propuesta, y observaba al bárbaro que luego se presentaría como Baru de la Tribu Epicus quien de mala gana al comienzo, había aceptado unírsenos temporalmente para averiguar más sobre este terrible problema… Lo que no sabíamos es que, la daga que Rouse había robado al comerciante que Baru protegía, contenía literalmente las primeras pistas de nuestro viaje como un equipo… Y ahora nuestros siguientes pasos sin dudar, eran en dirección del palacio del gran Rey Harold III quien tal vez sabría la respuesta a lo que estaba sucediendo…"

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